
Desde Chapultepec
14 diciembre, 20111’400,000 por segundo…
Intrigante título, ¿verdad?
¿Qué podrá moverse o reproducirse a la velocidad de 1’400,000 veces por segundo?
¿Energía? Sí, de alguna manera. ¿Luz? También. ¿El sonido? Dependiendo de la unidad de medida, también el sonido podría reproducirse a esa velocidad.
Hace algunas semanas murió en Palo Alto, California, Steve Jobs de un terrible cáncer de páncreas. Y se me ocurre definir a este hombre como un visionario diseñador de futuros. Un hombre que, desde un garage, nos inventó el futuro. Y nos lo regaló.
Si ustedes supieron de la muerte de este hombre, pero no tienen ni idea de cuál es el alcance de su visión de humanidad, les recomiendo que vean el video del discurso que ofreció a los alumnos de la Universidad de Stanford en 2005. Jobs se sabía en fase terminal de su vida y con esa conciencia, les habló a los estudiantes.
“Apple ha perdido a un genio visionario y creativo y el mundo ha perdido a un asombroso ser humano” – así rezaba la línea principal del texto que emitió su empresa el día de su muerte.
Y es cierto: la humanidad es un poco más pobre al haber perdido a Steve Jobs.
Su muerte, además, desató un frenesí inesperado. Un furor que batió récords de energía, luz y sonido: El mensaje de su muerte fue transmitido y retransmitido por todo el orbe, a razón de 10,000 tweets (o sea, algo así como 1’400,000 caracteres) por segundo.
La muerte de un creativo, rebelde y amante de las tipografías fue la noticia que más velozmente recorrió el globo en la historia de la humanidad.
La cifra de casi un millón y medio de golpes al teclado por segundo supera cualquier capacidad de imaginación humana y más aún, echa por tierra algunos parámetros desde la impresión de la primera Biblia. Hoy tenemos al alcance de nuestra mano, en un aparatito que no pesa más de 250 gramos, la posibilidad de decir, ser escuchados y leídos en todo el Universo, en forma instantánea.
Por eso digo que 1’400,000 es una cifra que es, a la vez, medida de energía, de luz y de sonido.
No voy a extenderme sobre el alcance y repercusión de las redes sociales. Pero el solo hecho de pensar en los millones y millones de mensajes que se transmitieron y retransmitieron a lo largo de esos días y que tuvieron como receptor la humanidad entera, nos obliga a pensar que algo grande, muy grande, está pasando en este momento en nuestro mundo.
¿O no?
Les deseo Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.
